sábado , 20 octubre 2018
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Cambio de vida: De mecánico a productor orgánico

Fuente: El Federal

Autor: Leandro Vesco

VISITAMOS LA QUINTA AGROECOLÓGICA DE OSCAR PAGLIAI EN HILARIO ASCASUBI (BUENOS AIRES), ESTE HOMBRE DEDICADO A LA MECÁNICA DECIDIÓ CAMBIAR DE VIDA Y COMENZAR A CUIDAR Y TRABAJAR LA TIERRA USANDO ELEMENTOS NATURALES. “ES LINDO SABER QUE VENDES ALGO QUE NO LE HARÁ MAL A NADIE”, AFIRMA DE SU PRODUCCIÓN.

Hay una frase que sostiene que la gente que se ríe en la calle entendió todo, con esa misma verdad Oscar Pagliai un día se dio cuenta que ya no podía comer más alimentos contaminados y dejó la metalúrgica para entregarse a trabajar la tierra en un viejo campo familiar, desde entonces se dedica a producir frutas y verduras orgánicas. “Si comes sano, vivir sano”, sostiene.

Oscar nació en 1950, en Hilario Ascasubi, muy cerca de donde ahora tiene su quinta. Es músico, toca la “verdulera” y la guitarra. Estudió en el Conservatorio y enseñó, pero los caminos de la vida lo llevaron al metal, trabajó en la Base Naval de Puerto Belgrano y en un sinfín de talleres donde el chaperío fue el elemento dominante. “Comencé a leer artículos en revistas y diarios sobre las consecuencias de los agroquímicos en los alimentos que comemos, y un día decidí cambiar de vida” Comenzó a dejar de fumar, y hace más de una década la agroecología es la base de sus días.

“Regresé al campo, y comencé a producir en pequeña escala, uso sólo abono natural, de gallina, aserrín, ceniza. No hay nada químico, y la naturaleza agradece”, Oscar -que recibe el asesoramiento de Pro Huerta de INTA– muestra con orgullo sus frutillas, recién cosechadas. Su rancho es una coraza contra a la modernidad, no hay nada allí que no tenga por lo menos una década de antigüedad. “Tengo un televisor con su antena, una radio, un teléfono y mi música. Tengo todo lo que le falta a varios, felicidad” Una acordeón brilla en la mesa del pequeño comedor donde una sempiterna cocina económica refleja la luz de un sol promisorio, claro y diáfano. “Me acuerdo cuando nuestros padres nos decían que era sano comer frutas”, su reflexión acerca una realidad en el Partido de Villarno, la producción se basa en el monocultivo de la cebolla que necesita un paquete de agroquímicos que contaminan el medio ambiente, la tierra aquí adolece.

La decisión de Oscar fue basada en eso, en querer darle un alivio a la tierra. “La agroecología es la salvación, el ser humano en su fase económica busca el mayor beneficio con el menor costo, y no le interesa la salud de la gente ni la suya propia. Hay que dejar de envenenar el planeta, y es necesario que la gente vuelva a trabajar” El horizonte interminable aquí parece amigarse con las sombras, una tupida arboleda protege el rancho del impiadoso viento, que no perdona en este mar de pastizal. Hay plantas por todos lados y en este aparente desorden, hay un claro circuito virtuoso. “Yo planto de todo, en la huerta tengo ajo, frutillas, habas y verduras. Le tomas cariño a la naturaleza, hemos formado un grupo de quinteros agroecológicos, nos damos una mano entre todos. Es lindo saber que vendes algo que no le hará mal a nadie”.

La quinta de Oscar está sobre la icónica ruta 3, en las afueras de Hilario Ascasubi. Recorremos su porción de tierra que heredó de sus padres. “Antes nos despertábamos todos a las cinco de la mañana, invierno o verano, a ordeñar las vacas, recuerdo que los primeros chorros de leche me los tomaba, le teníamos que dar de comer a las gallinas, y después recién nos íbamos a la escuela.Ahora se ha perdido ese espíritu del trabajo. Hay personas que no trabajan ni para sí mismas”. Su día mucho no ha cambiado, aunque ahora no están sus padres, sí tiene el compromiso con sus hijas, “las llamo por teléfono a las seis, para levantarlas”. Es un padre bueno, acompaña y aconseja en su soledad. “Acá estamos los gatos y yo, cuando estoy aburrido toco algo de música. Tengo una caña de pescar, pero como los peces no me han hecho nada, no tengo por qué pescarlos”.

El acercamiento al ritmo lento natural, su cambio de vida y la necesidad de transitar los días en el camino de la ecología y del cuidado de la tierra le han dado un enfoque diferente del mundo, principalmente de la alimentación y de cómo nos llegan los alimentos. “Empecé a consumir aceite de oliva, porque vi cómo trabajan el girasol para hacer el aceite que llega a las mesas de todos los hogares, le ponen muchos productos químicos, partimos que se trata de una semilla modificada genéticamente, resistente al glifosato y muchos herbicidas. Es una semilla que está envenenada desde su génesis” Su cocina lo pinta de cuerpo entero, los cajones de verduras recién cosechados conservan en las raíces la tierra y su humedad. Nos dirá que ya no consume sal porque la papa y las habas tienen sal natural, y que no alcanza a creer cómo en las ciudades las personas pueden comer los tomates plastificados que se venden en las verdulerías, “no tienen sabor a nada”, reacciona este defensor de la semillas y las plantas.

“El problema es que la agroecología aún no está muy difundida, necesitamos que más gente trabaje la tierra, pero muchos no entienden los cambios de la pala, es simple, tiene dos, uno para abajo, otro para arriba. Trabajar la tierra es tranquilizante, te hace bien” Desde su barrera de plantas, pasto y árboles este hombre mira el horizonte con serenidad, dentro de sus dominios su tierra respira y está sana. No es poco en este mundo.

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