sábado , 19 octubre 2019
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El pianista sin techo que deslumbró en River

Fuente: Página 12

Carlos Suizer encontró un piano y al club que le abrió las puertas para tocarlo. Su vida tiene un recorrido largo pero el último tramo lo sorprendió en la calleDormía en Cabildo y García del Río, en el límite entre Núñez y Saavedra, muy cerca de un Banco Nación que otros compañeros en su situación usan para escaparle al frío. El tiempo inclemente lo afectó varias noches pero sus manos lo pusieron a salvoVuelan sobre el teclado. Minutos antes de dar su concierto en Defensores de Belgrano cuenta: «Mirá cómo tengo los dedos, están llenos de sangre». Se apura a tocar un tema de Pink Floyd como si fuera Rick Wright, el desaparecido tecladista de la banda británica. Un humo de escenografía completa su intervención que le arranca aplausos a quienes fueron a verlo. Todos llevaron alimentos no perecederos y ropa para los indigentes que padecen este invierno al aire libre. Carlos es uno de ellos.

La historia de Suizer, 58 años, sanjuanino, nacido en una familia acomodada de Jáchal, se visibilizó la noche en que River alojó a cientos de personas sin techo en el estadio Monumental. Una señora le comentó la movida que se preparaba y lo instó a que fuera. El recuerda ahora que «fue el día más frío en cien años. Paré un taxi, yo tenía unos miserables cien pesos y el taxista me dijo: ‘No te quiero sacar los 100 pesos por llevarte a River’ y le respondí: ‘No, es al revés. Yo te doy los 100 pesos’. Al rato apareció otra persona en un auto importado, paró en el semáforo acá, le golpeé la ventanilla y le pedí: ‘Tengo mucho frío, me llevás a River’. Abrió la puerta, le dije que estaba con otra persona y nos alcanzó hasta la cancha».

El pianista, como lo apodaron en la calle, además es compositor. Tiene un par de temas propios que pueden escucharse en Youtube: «Calma tempestad» y «Sinfonía para el alma». Tocó con Mariano Mores, comenta que siempre lo hace con el corazón y que no necesita prepararse para un concierto. En Defensores lo comprueban el viernes por la noche en un salón que está pegado al estadio, frente a la Ex ESMA. Suizer se adelanta a que lo presente Diego Achile, el dirigente que le extendió una mano generosa y se lanza a tocar su variado repertorio. Primero le consiguió un piano y después lo invitó a la unidad básica donde milita, en Crisólogo Larralde y Obligado. Se llama la Marquitos Zucker, en homenaje a la memoria de un militante montonero desaparecido. Hijo del actor homónimo y además hincha del equipo del bajo Núñez.

«Escuché que había un pianista. Googlealo, es un fenómeno, me dijeron. Lo busqué y así fue que di con él. Cuando nos encontramos le pregunté. ¿Vos que necesitás? Un piano, me respondió. Conseguí uno hecho pomada y le dije que viniera a tocar los miércoles, que hacemos la olla popular, prometiéndole que iba a hacer primero un recital en la unidad básica y después en Defe», le explica Achile a Página/12A su lado el sanjuanino recuerda la experiencia inolvidable de haber tocado un piano de cola que parecía como olvidado en el Monumental: «Cuando llegué a River vi quinientos tipos que se estaban matando por una campera, por unas zapatillas. Yo entré y encontré un piano de cola. Cuando empecé a tocarlo se olvidaron del frío, se olvidaron de todo. Así comenzó esta historia». Palabras del músico en situación de calle que en los últimos días consiguió mudarse a un hotel que le ayuda a pagar el dirigente de Defensores y candidato a comunero por el Frente de Todos.

Suizer llevaba veinte días viviendo pegado al boulevard de García del Río. Pero antes compartía un departamento con su compañera, unos años mayor que él. Cuando menciona esa parte de su historia se quiebra: «Yo estaba en pareja y vivía en Belgrano R. Estaba con todos los lujos, pero bueno, no sé cómo explicarle. Le dije que viniera hoy, la invité y no vino». Afligido, apenas alcanza a contener las lágrimas refregándose con su mano derecha los ojos.

«Me están pagando un hotel. Odio la calle y odio a las personas que quieren estar en la calle. Ahora estamos con un frío asesino, después va a venir un calor asesino. No puede ser que fallezcan personas por esta situación», dice. El pianista finalmente es presentado por Achile que lo invita a «vivir su momento de gloria». El cuenta cómo es: «Lo que más me gusta en la vida es tocar música. Este caballero (por el dirigente) me ha brindado las puertas de su corazón, aún con todos sus problemas. Me dijo: ‘Mirá que el viernes tenemos un concierto de piano’. Yo tengo sangre en las manos. Soy un animal porque los animales son más respetables que los seres humanos. Soy un animal tocando el piano porque pongo la sangre y lo poco que tengo. Y compongo música».

El padre de Carlos era cardiocirujano y la madre docente de Filosofía. Tenían un buen pasar económico, que incluía una casa de campo en la zona de La Ciénaga, un área preservada por sus riquezas geológicas. Suizer a los cuatro años había empezado a tocar el piano. Ya se notaba que sería un promisorio tecladista. A los doce se recibió de profesor, contó su hermano Marcelo en el medio Tiempo de San Juan la semana pasada. Pero a los 19 el pianista se fue de Jáchal y poco o nada volvió a saberse de él.

A Suizer le cuesta hablar de su vida pasada. Se nota también que los recuerdos de sus hijos lo perturban.Maximiliano Edgardo es empresario en San Juan. María Eugenia es modelo en México. «Ellos no saben que estoy viviendo en la calle ni quiero que lo sepan. También tengo un hermano y tres sobrinos en San Juan. Mis hijos no me quieren ver porque los abandoné», confiesa. De los afectos pasa a los bienes materiales que supo conservar hasta que lo perdió todo: «¿Qué querés que te cuente? Qué tenía cuatro casas, que compraba electrónica en Miami hasta que un día me cagaron. Tuve negocio en Colegiales, tuve restorán. Y hoy estoy padeciendo, perdón, no estoy padeciendo, estoy más que agradecido (llora). Yo figuro entre los veinte mejores del planeta. Ahora estoy entre los veinte peores del mundo. Dejo un poco de mi vida sobre el teclado».

Antes de sentarse frente al piano para empezar su concierto, un colega de Télam con quien compartimos la entrevista le pregunta: «Esta semana fue muy movida para vos. ¿Hoy dónde dormís después de que termine el concierto?».

«No sé. La verdad no sé. Yo soy pianista y necesito ayuda», responde.

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