sábado , 19 octubre 2019
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En Entre Ríos el desarrollo de la piscicultura quedó frenado y no consigue repuntar

Se trata de un rubro que requiere una importante inversión inicial. Los altos riesgos y el panorama económico desalientan nuevos emprendimientos.

Ciclo de producción. Lleva unos 15 o 16 meses hasta que la pieza alcanza un tamaño de venta.

La piscicultura se anunció años atrás como una actividad comercial prometedora en Entre Ríos. Sin embargo, en la actualidad no logra remontar con fines económicos y solo unos pocos emprendimientos de este tipo subsisten en la provincia.

Claudio Ledesma, director de Minería, Medio Ambiente y Recursos Naturales, que depende de la Secretaría de Producción provincial, aclaró a UNO que “hay varios emprendimientos que están funcionando pero a baja escala todavía”, y sostuvo: “La piscicultura se ha promocionado mucho a nivel nacional, pero es una actividad que es intensiva en los casos que dan rindes y se necesitan inversiones iniciales muy grandes, ya que muchos de los insumos son importados. Si bien tenemos un programa provincial de desarrollo de la acuicultura muy ambicioso, hoy está un poco frenado por la situación del país y no se ha podido desarrollar como se había planteado, porque hemos tenido políticas macroeconómicas que han perjudicado enormemente la actividad y sería exponer a los productores a un riesgo muy alto”.

El funcionario señaló que en la actualidad “se está tratando de establecer no solo qué especies se pueden criar en cautiverio, sino cuáles tienen una demanda comercial”, y refirió: “Si bien se va a trabajar con el tema gastronómico, no se puede ofrecer un plato de un pescado que la gente no conoce y que seguramente no va a consumir”.

“Estamos en una etapa de desarrollo que tuvo un impulso muy grande en la gestión anterior y tuvo que frenarse en esta precisamente por las políticas nacionales que hicieron que todos estos emprendimientos no tuvieron el éxito que nosotros hubiéramos querido”, dijo. No obstante, indicó: “Hay dos emprendimientos que si bien no son para ventas de animales, sí tienen fines turísticos. Estamos apostando a ellos y los hemos acompañado desde esta Dirección, que son con el sistema ‘pesca y pague’, en los que se crían los peces en cautiverio, en un camping o un predio, y la gente puede pescarlos para el consumo o con devolución. Uno está en Santa Anita, en el Departamento Uruguay, y el otro en Concordia”.

Sebastián Almará es uno de los productores pioneros en la zona del Departamento Paraná y si bien en un principio se especializó en la cría de pacú, hoy tiene un laboratorio de reproducción de distintas especies que es referencia y provee a otros productores del país. Comercializa alevines de pacú, amur, sábalo, randia, tilapia; y carpas koi de colores, que a diferencia de las demás especies son con fines ornamentales.

Con vasta experiencia en el rubro, opinó: “Hago reproducción y vendo crías y mis principales clientes son de otras provincias, porque acá el avance de la actividad es lento y la piscicultura no está muy desarrollada. Calculo que actualmente debe haber entre 10 y 15 explotaciones en Entre Ríos, algunas más chicas, otras más grandes”.

A su vez, explicó: “Es una actividad difícil de llevar adelante, porque se está trabajando con peces bajo del agua que uno no los está viendo y cuando se advierte un problema ya es tarde, porque el pez muere; distinto a una producción de pollo o de cerdos, que ante cualquier inconveniente se puede reaccionar más rápido”.

“La gente por ahí cree que es tener un pozo con agua y los peces van a crecer solos, pero realmente es una actividad compleja para la que se necesita capacitación y grandes inversiones, y mínimamente hay que esperar casi dos años para recién tener producción, en los que tienen gastos de luz, de personal, alimentos, con riesgos por cuestiones climáticas, de mal maneo de la producción”, afirmó, y resaltó: “O sea que lleva mucha inversión, mucho tiempo de inversión, y que hay que tener conocimiento. No es largarse así nomás a producir peces y ya hubo quienes fracasaron por este tema”.

Entre los principales costos, Almará mencionó al alimento balanceado, y también la energía eléctrica en caso de no tener un arroyo cerca y tener que bombear agua de pozo. Y si bien reconoció que la piscicultura “tiene buena rentabilidad”, aclaró que el problema reside en la comercialización: “Los que pueden llegar a hacer faena de peces, que son los frigoríficos de pescado, trabajan con peces de río, entonces nunca van a pagarle al productor un valor que le rinda, porque es mucho más cara un producción. Entonces, si no hay un frigorífico que a uno le vaya a comprar lo que uno produce, los productores tenemos que encargarnos de todo: de hacer la faena, aún sin las habilitaciones como para poder comercializar; o de encontrar quién nos compre los peces vivos a pie de estanque”.

Sobre este punto, evaluó: “En general en Entre Ríos son productores chicos y terminan comercializando con conocidos, en su ámbito de amigos, o con gente de su pueblo o su ciudad, o a lo sumo un restaurante. El pacú es el pez que tiene más demanda y lidera la piscicultura por arriba de las truchas, porque al no haber en el río o al haber muy poco, al precio lo pone le productor. Son unos 16 meses para criarlo. Lo ideal es que la pieza tenga 1,20 o 1,50 kilos, porque si se excede ya puede llegar a cambiar el gusto por exceso de grasa y ya no es tan rico”.

Proyecto del INTA

Sebastián Almará también provee de alevines al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Uno de los proyectos experimentales vinculados a la acuicultura que lleva adelante el organismo, a través de un convenio de cooperación celebrado con la Comisión Técnica Mixta (CTM), está basado en la cría de peces en el campo El Alambrado, en la zona de Concordia.

“El INTA lo que hace es investigación, probando distintas densidades de siembra de peces para ver los diferentes resultados, buscando qué densidades son las más apropiadas para que las distintas especies se desarrollen mejor y evaluando su resistencia a las temperaturas del agua”, comentó el productor.

Por su parte, el ingeniero Carlos Fuser, técnico que participa en la Estación de Acuicultura del INTA de El Alambrado junto con Juan Pablo Heggin, contó a UNO: “Comenzamos a fines de 2016 con cinco piletas de producción de unos 320 metros cuadrados en los cuales pusimos especies autóctonas del río Uruguay que se adaptan a la cría en cautiverio. No trabajamos con especies exóticas”.

“Empezamos con el pacú y el sábalo. Hemos terminado un ciclo de producción y ahora estamos por comenzar otro, anexando la boga, otra de las especies que queremos probar para ver qué resultados tiene”, comentó.

Acerca del ciclo de producción, explicó: “Nosotros hacemos una etapa, que es la recría y engorde de los peces que compramos a la cabaña Pez Campero. Traemos los pececitos de 5 gramos y los llevamos a 1,3 kilos en un lapso de 15 meses. Ingresan en diciembre o enero, todo el verano están comiendo, hasta mediados de mayo, que es cuando desciende la temperatura por debajo de los 15° en el agua en esta zona y no se pueden alimentar. Ya a medidos de septiembre la temperatura vuelve a estar por encima de los 15° y nuevamente los empezamos a alimentar, hasta abril o mayo del año que viene, que se cumplen los 15 meses”.

Por último, refirió: “Ya hemos realizado una venta interna e hicimos agregado de valor con el despinado. Para sacar la primera producción vendimos puertas adentro y estamos trabajando con cooperativas de pescadores en lo que es el agregado de valor y haciendo cursos. En la provincia se ven algunos emprendimientos de acuicultura, aunque no es la actividad principal de los productores”.

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